Puedes hacer lo que quieres hacer,
y siempre podrás hacerlo mejor
Siempre debes creer que puedes hacer lo que quieres hacer, pero sobre todo, debes creer siempre que podrás hacerlo cada vez mejor.
En verdad estas frases han sido repetidas muchas veces por gran cantidad de personas; y muchas veces, lo cual es totalmente cierto, su repetición provoca que pierdan el sentido y la fuerza que les caracteriza. Pero, ojo, mucho cuidado, generalmente aquello a lo que no le ponemos la atención adecuada y necesaria, es precisamente lo más importante.
Por tanto, debes decir y repetir que "Puedo hacer lo que quiero hacer, y siempre lo haré mejor cada vez", como si fuera la primera vez que la dirías, como si fuera la única vez que la vas a decir, y así todos los días. Debes creer personalmente en ella con todas tus fuerzas, creencia que debe salirte desde lo más profundo de tu alma, y nunca porque te la hayan dicho o la hayas escuchado. Tienes que estar totalmente convencido, de que es posible ser y hacerse, cada día, cada hora, cada semana, cada momento, MEJOR en lo que tú amas ser y hacer.
Primeramente debes invertir mucho tiempo conociéndote a tí mismo, explorando lo que eres, ya que es la única forma de saber y decir que quieres de la vida, a qué quieres dedicarte y cuánto empeño estas dispuesto a poner para lograrlo, para llegar a ser exitoso, para que tu negocio propio sea exitoso, para que tu familia sea feliz, para que tú seas feliz, para ser financieramente libre.
Siempre debemos tener uno o varios referentes, que te permita mirarte en sus resultados y la forma como lo lograron, y que mejor que la biografías de los grandes genios de la humanidad, que la historia ha ido recogiendo y almacenando para disfrute de las nuevas generaciones. Son historia sobrada de que la confianza en uno mismo es la fuente más importante de la realización personal.
Albert Einsten, no nació brillante; en la escuela fué un alumno mediocre, pero siempre quiso hacer más y mejores cosas, entender más y mejor al mundo y lo consiguió sin duda.
Herman Hesse, premio Nobel de Literatura de 1946, decidió cuando era todavía muy jóven que quería ser escritor, pero sus padres y profesores se oponían o se lo hacían dificil, pero bastó que creyera en él mismo y lo logró.
Y que decir de tantos otros como Ford, Chang, Jesucristo, Gandy y los próceres por las libertades en cada uno de sus países.
Mujeres, grandes mujeres como Hellen Keller, Oksana Baiul, Sor Teresa de Calcuta y María Montessori, entre otras muchas mujeres, lograron alcanzar lo que se propucieron gracias a su tenacidad, perseverancia, dedicación y sobre todo gracias a que creyeron en ellas mismas, que creyeron que si podían, que tenían el talento y las fuerzas necesarias, y lo lograron.
Los ejemplos de estas personas son ejemplos de perseverancia, y no deben ser sólo ejemplos, deben ser modelos a imitar, para de esta forma logres lo que quieres ser.
Segundo, no importa qué quieres hacer: si ser científico o escritor, atleta o artista, empresario o político, religioso o patriota; lo esencial es que quieras siempre ser mejor y hacer siempre bien lo que hagas. Saber que siempre puedes hacerlo mejor, y no por un mezquino espíritu de competencia, es decir, no simplemente para decir que ganaste a otro, o que eres superior, sino al revés, y modestamente, para que estés orgulloso, orgullosa de ti mismo, de ti misma, orgulloso, orgullosa por lo realizado, orgulloso, orgullosa por hacer el mejor esfuerzo, por llegar a la meta propuesta. En otras palabras, debes competir contigo mismo y no contra los demás. Competir con la parte tuya que sólo te invita a seguir siendo mediocre, común, poco instruido, instruida y contra todo aquello que te obstruya el camino hacia la libertad financiera, hacia la libertad de tiempo y hacia el disfrute de una mejor vida en conjunto con todos los tuyos.
En el proceso, antes que competir con otros con afán de humillarlos, más bien hay que ocuparse de enseñarles con el ejemplo: siempre estar primero dispuesto a ayudar, ya que entre más ayudes, más recibirás.
Tienes, en conclusión, que aprender que puedes hacer las cosas mejor que como las hacías ayer. Y esto, claro está, sólo podrás probarlo si verdaderamente te atreves a intentarlo. La vida es en buena medida lo que uno hace de ella, pero debes hacerlo todos los días. Quizá no sea fácil, pero no puedes evitarlo: algunos días serán crudos y tristes, pero otros serán alegres y coloridos. Lo mejor que puedes hacer es esforzarte para que la mayoría de días sean alegres. En parte, esa alegría proviene de estar en paz contigo mismo: haciendo lo que te apasiona hacer y hacióndolo bien. Recuerda que el éxito es ser fielmente lo que quieres ser y que lo seas de la mejor manera posible. El dinero no te hace rico, sino sabes administrarlo y compartirlo, gana todo lo que quieras, pero no te olvides de que tú manejas el dinero y no que el dinero te maneja a tí. El triunfo no está en que poseas cosas o en que seas reconocido, sino en lo que sabes y en cómo vives, en cómo usas lo que sabes y en cómo ayudas a otros. La fama y la riqueza tiene sentido si llevas en tí mismo, primero que nada, algo de sabiduría: la prudencia de saber decidir qué será lo que te va a hacer feliz, la inteligencia para que comprendas que en parte esa felicidad reside en dar y compartir, en la bondad para aprender a respetar las opiniones y costumbres ajenas. Todo esto también te enseña a pensar.
Saber pensar y aprender cosas nuevas, palabras y razonamientos, nuevas herramientas de negocios o de información y comunicación, debe llevarte necesariamente a ayudarte a ser cada día una mejor persona. Lo que si es cierto es que si no perfeccionas tu pensamiento, si no te interesas por aprender cada vez más, el camino hacia esa mejor persona que puedas ser se hace más arduo y a veces incluso tenebroso, ya que por todas partes te podrán acosar sombras que te harán dudar y tropezar y personas que buscarán que no triunfes, que sigas haciendo lo que ellos hacen, aquellos que te dicen no a todo constantemente.
Por tanto:
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Determínese en saber quien eres y que quieres hacer y en que quieres convertirte.
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Atrévate a intentar lograrlo y lógralo.
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No se olvide que cuando se empieza bien, casi siempre lo demás viene fácilmente.
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No deje de confiar en ti mismo, en su capacidad y en la fuerza anímica de tus deseos.
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Alimenta cotidianamente ese impulso y que su fuerza acreciente tu empeño, sin importar si los días son difíciles o alegres.
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Aprende y sigue trabajando en equipo, pero con el mejor equipo.
Sólo así podrás decirle a la vida, cuando se te acerque el final, que has hecho lo que querías y podrás decir junto al poeta mexicano Amado Nervo, lo siguiente:
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Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final del rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando plantó rosales cosechó siempre rosas.
... Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
mas té no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
Vida, nada me debes! Vida, estamos en paz! |
José J Zuniga S